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Historia

El cabildo se diseñó como un palacio de la justicia entre 1527 y 1566, interviniendo Diego de Riaño, Juan Sánchez o Hernán Ruiz.

A sus cabildos, en la sala capitular baja o alta, asistían no sólo la nobleza, sino también las oligarquías mercantiles que deseaban representación social. Los estamentos dirigentes empezaron a considerarse como “cónsules, a los ayuntamientos como equivalentes al “senado” y a la propia ciudad como “una nueva Roma”. Este desarrollo económico hizo tomar conciencia a sus habitantes de sí mismos y de sus valores como ciudad. La fábrica del siglo XVI responde al deseo de una ciudad que se sintió centro del mundo, idea que se volvió apremiante a raíz de los desposorios de Carlos V con Isabel de Portugal. En una ciudad de trazado medieval con edificios gótico y mudéjar, el ayuntamiento ofrecía la conexión del presente del Emperador, que había elegido a Sevilla como sede de su boda, con un mítico pasado basado en la antigüedad, siendo fundada por Hércules y Julio César.

Con los años, su riqueza y su gloria fueron declinando. La quimera de aquel sueño que se había forjado de sí misma cuando creó su imperio se fue deslizando junto a su fortuna con la cadencia implacable de un reloj de arena. Vendrían nuevos proyectos, nuevos apellidos, otras ambiciones que desembocarían en la encrucijada en la que nos dispone el presente.

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